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Figar junto a Javier el 7 de mayo de 2008 |
Era el 7 de mayo de 2008 y Javier Lizasoain estaba feliz. Acompañado de representantes de alumnos, profesores y familias del IES Maestro Matías Bravo se acercaba a recoger la placa que hacía que su centro se convirtiera en "Premio a la Excelencia Educativa". Las manos de Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, hicieron entrega del presente a director del centro de Valdemoro. No muy lejos la Consejera de Educación, Lucía Figar, aplaudía...
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Un expediente por decir la verdad |
Seguramente Javier en esos pasos que dio desde su asiento hasta el lugar donde se encontraba Aguirre recordó las muchas horas de trabajo, las tardes y noches haciendo horarios, el aprendizaje de sus años de estudiante, de profesor, de vicedirector y de director (ya era el segundo centro en el que ocupaba ese puesto). Es muy fácil pensar que Javier se acordó de sus muchos compañeros, de sus alumnos, de su familia... de las conversaciones, gestiones, cartas, proyectos,... necesarios para lograr que un centro público del sur de la Comunidad de Madrid pudiera ofrecer a cualquiera y sin apenas sobrecoste un Bachillerato, el Internacional, que salvo excepciones solo se imparte en centros privados. Esa era (y es) una de sus metas: hacer de su instituto un centro en el que se den oportunidades diversas y de calidad, y en el que quien allí trabaje o estudie se sienta como en su casa, por eso también el esfuerzo en implantar un modelo de convivencia en el que la ayuda y el diálogo fueran piezas claves.
Seguramente Esperanza Aguirre y Lucía Figar aplaudían a rabiar pensando que lo que estaban haciendo esa tarde no era premiar a un centro educativo público, simplemente era una acción publicitaria. Posiblemente poco le importaban la gestión, el trabajo, las horas, el compromiso de esa persona con perilla a la que habían entregado la placa. Le daban más importancia a la foto, a lo mediático,...
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Aguirre aplaude a Javier tras la entrega del premio |
Pasó el tiempo y llegó julio de 2011. Y las mismas manos que entregaron la placa, las mismas que aplaudían a Javier firmaron unas instrucciones que recortaba el número de profesores de la gran mayoría de centros de secundaria en la Comunidad de Madrid. Y Lizasoain hizo lo de siempre: decir la verdad, y contar a sus compañeros, a las familias que habían confiado en el centro (que en los últimos años ha tenido una escandalosa lista de espera) la verdad. Decir que el curso se iniciaba con menos profesores, con más alumnos, con menos optativas, con más dificultades. Javier hizo lo que hace un director de verdad, no ser la voz del de arriba y creer en la autonomía de los centros. No habló a sus compañeros como subordinados, no se dirigió a los padres como clientes que dejan dinero, les habló como a familias que dejan en sus manos (y en las de todo su claustro) lo más preciado de sus vidas: sus hijos.
Es fácil pensar que aquellas manos de presidenta o de consejera que aplaudían a Javier no lo harían ahora, obviamente sus palabras no son publicitarias para los intereses de quien dirige la educación de Madrid. Posiblemente pensaron que ahora tocaba frotarse, frotar las manos de cobardía tras alentar expedientes. Pues que sepan esas manos, y las retorcidas mentes que las dirigen, que por mucho daño que quieran hacer a Javier nunca van a llegar a rompernos la ilusión y las ganas de seguir diciendo la verdad.